Nosce Te Ipsum

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DIARIO DE UN VIAJE: Días 5 y 6 por Azules.

Escribo el sexto día, bien cómoda en un sillón del hotel. El cielo está gris y empieza a hacer frío...
Ayer pasé todo el día fuera. Me doy cuenta de que empiezo a "hacerme " de este sitio cuando llamo "fuera" a todo lo que no abarca mi entorno más inmediato..Subí a un precioso pueblo* al borde del mar. Las palabras "rula","parrocha"," bocarte" y otras, comienzan a formar parte de lo habitual. De nuevo hay un río festoneado de abundante vegetación que me dirige alegremente a mi destino...casas señoriales, con preciosos ventanales y miradores, barrio de pescadores, y muchos pequeños puentes de elegantes barandillas que cruzan sobre el río. Un faro pegado a una ermita vigila a sus gentes y sus barcos. Para llegar a él se debe subir un largo y empinado trecho, esfuerzo que veo recompensado con una hermosa vista de la entrada del mar a los dos lados. Uno es calmo y apacible, el que da al puerto. Al otro lado del faro, como si fuera un mar distinto, dominan las olas furiosas, estrellándose contra una playa de roca totalmente inaccesible.
Pero lo más bonito de este pueblo es, sin duda, el cementerio. Está situado justo al lado del faro, y se abalcona sobre la parte más tranquila de la costa...Es increiblemente luminoso y lleno de paz. En tres escalones se pueden ver tumbas y mausoleos, todos de color blanco, con preciosas esculturas en sus lápidas. Desde todos los puntos parece flotar sobre el cielo y el mar. Si uno no descansa aquí en paz, ya no me imagino dónde.
Entro en un restaurante que me han recomendado en el hotel. Clavazo y disfrute asegurados. Ambas cosas se cumplen. Navajas y cabracho deliciosos. Contra mi costumbre, ya que no me gusta el dulce, pruebo un requesón con compota casera que está pecaminoso y hará que me sienta culpable durante un buen rato. Casi me agria la comida la bruja de tono condescendiente que me atiende y que mira mi mochila como si fuera la primera que ve. Ha decidido que en mi vida he visto una gamba, y me habla como si me acabara de escapar de la era. Con lo "casual" que voy...decido que paso de la vidatriste ésta, y me pongo a comer tan feliz.
Después siesta tumbada en la playita, al sol asturiano, que da calorcito sin quemar, como los amores conformados.
Ya entrada la tarde me adentro por una carretera mágica, la As-12, que me enseña montañas y valles interminables, siguiendo dos ríos al principio y luego sólo uno, que me regala más belleza de la que puedo asimilar. Veo los Castros, y pueblos del interior, absolutamente inesperados en su situación y arquitectura. Cuando parece que estoy llegando al fin del mundo empiezan a surgir magníficas casas de Indianos de mil estilos mezclados**.
Ya de noche entro agotada al hotel.
Así que hoy me he levantado tarde y me he quedado leyendo en un campo cercano, tumbada en el césped, tan a gusto. Ahora que el frío aparece sin avisar,dejo de guardar el prado y me meto en el salón de lectura, igual de contenta y perezosa, a navegar un rato y a escribir este Diario...qué bien estoy aquí, quietecita.

*Luarca. **Boal

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