Nosce Te Ipsum

martes, 28 de diciembre de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA BELLEZA por Azules

Pocas cosas hay tan deseadas y tan despreciadas a la vez como la belleza. Si nos quedamos sólo con su parte más mezquina. Si la belleza es sólo lo que nos enmarca, realzándonos. O si es el medio del que nos valemos para alcanzar lo que creemos querer, la cosificamos. La volvemos banal y repetitiva.
El deseo que despierta es a la vez el principal argumento de aquellos que dicen despreciarla. Olvidan que no se mata , o roba, o miente por la belleza en sí, sino por ambición. No fue la belleza de Eva la que cegó a Adán, sino su avaricia de ser como su dios. Proclamar como tentación la belleza asociada a la mujer, a su vientre, a la serpiente, ha servido durante siglos para someter al temeroso a los intereses de los codiciosos.
Otro rasgo que, asombrosamente, debería disuadirnos de amar la belleza es su temporalidad. Es efímera, dicen. No es pues algo en lo que debamos invertir nuestro tiempo o esfuerzo , pues la belleza dura lo que tarda en marchitarse, dejando el vacío tras ella.

Yo creo que la búsqueda de la belleza debería regir nuestros actos,desde la mañana a la noche, porque el que busca la belleza busca el bien.
Y no hay nada semejante a la eternidad del recuerdo de un momento hermoso, por efímero que fuera. Son esos momentos los que inspiran una vida.

Cada día, cada minuto, nos ofrece escoger entre lo bello y lo ruin. Y nos ofrece admirar la belleza aún donde nadie más la ve.
Así, la hermosura del susurro, de la cálida discreción, puede prevalecer sobre la violencia de un gesto brusco o de una mirada forzada. El alejarse de lo que nos daña, sin concesiones a la hipocresía, es elegir la belleza. Podemos escoger hacer nuestro trabajo, sea como sea, con entrega, nobleza y generosidad...¿no es esto belleza?. ¿ No es belleza elegir no manipular, no explotar, no bailarle el agua servil al poderoso?.

La belleza ama. Es amar al otro. En cada detalle con que presentamos la realidad de forma que agrade a sus ojos, a sus sentidos y su mente, estamos amando al otro. El perfume con que hacemos que evoque un momento, o que quiera crearlo, no es vanidad, es amor. El sabor que estalla en su lengua, si no es un mero sabor, si lo hemos creado hermoso, será un beso de amor.
Escoger las palabras más bellas que, leídas o escuchadas, se fundan con el espíritu, lo alienten, sacando lo mejor, lo más hermoso...es amor.
Y tocar...no tocar sino acariciar, un objeto , un animal, una persona, con delicadeza y suavidad, como el que compone una hermosa figura. Es amar.

No, la belleza no es el mal. Es el arte de buscar la armonía, la pureza, la perfección. El bien.
Y es eterna.

Porque una vez nos captura, se queda con nosotros, vive en nosotros y ya no la podemos olvidar. Como no podemos borrar una mirada, la luz de una piel, la perfección de algunos momentos que quedan para siempre en nuestra memoria. Hermosos e inspiradores. Incluso cuando la tristeza desdibuja sus rasgos.
No se puede olvidar la hermosura de algunas renuncias. La belleza incontestable del momento en que, en medio del dolor, se deja partir al otro.
Nunca se puede olvidar lo hermoso de la nobleza, de la dignidad del caído, del valor entre el miedo.

La belleza nos persigue. Más que nosotros a ella. Sólo tenemos que saber verla, pues viene envuelta en fealdad y grosería, cuántas veces nuestras propias fealdad y grosería. Pero es bueno encontrarla. Bañarnos en ella. Propagarla.

martes, 14 de diciembre de 2010

LAS MUÑECAS DE FAMOSA por Azules

Y allí estaba la niña, con su pelo largo desparramado por la almohada. Una noche más se había acostado con la diadema puesta. Es decir, se la había quitado para acostarse, pero en cuanto su madre entornó la puerta se la había vuelto a poner. Era una locura aquel año, con esas diademas de las que salían dos muelles finitos de los que al final colgaban, como saludando, dos estrellas o dos corazones, a elegir modelo, de purpurina roja, plateada o doradada según el gusto. El materno, claro.
Desde la cama, con la discreta ayuda de la luz que entraba desde el pasillo, vió la cartera del cole, con los cuadros escoceses tremendos. Monísimos, decía la madre, la he visto igual en el Telva. Eso, y las bermudas azulonas de pana con medias a tono que le habían caído esa temporada. Ideal. Como para decir algo.
Pero no importaba, porque la niña se sentía tan, tan feliz que sólo acertaba a pensar que qué hacía la cartera aún allí, si había pasado una eternidad desde que fue al colegio. Y aún quedaba otro tanto...
Todo había sido hermoso. Cada día había traído una promesa cumplida. Ella adoraba la Navidad, que empezaba oficialmente tras la siesta del día de Nochebuena. Su padre ponía villancicos, y empezaban los preparativos de la cena, siempre igual y siempre distinta. Elaborada y deliciosa. La casa se llenaba de olores navideños, de caldo sabroso y de jamón recién cortado. De los aperitivos que el padre decoraba con la paciencia y la concentración de un monje. La niña olía el plástico que envolvía los turrones. El que más le gustaba era el del turrón que luego nunca probaba porque no tenía chocolate.
Su madre sacaba los manteles y servilletas destinados a hacer los honores, la vajilla,los cubiertos relucientes, y ella lo iba poniendo en la mesa con infinito cuidado porque eran tesoros, mientras de reojo miraba al pasar las figuras del inmenso Belén que su padre había montado "para los niños"...Aunque, ay! del niño que pusiera una manaza en él...
La Misa del Gallo adormecía a la niña agotada de emociones, sabores, olores, sonidos...el incienso la arrullaba. Con los vecinos formaba una de las colas que se acercaba a besarle los pies al Niño...a quién le importaba la asepsia, entonces nadie pensaba en eso.
Navidad, la bendición del Papa a todo volumen en la tele inmensa, con teclas en vez de botones...y de nuevo canciones, villancicos, el pavo, el limón.
Cada día era mágico. Las primeras salidas al cine. La niña había visto ET en el cine Oeste unas Navidades anteriores. Ese año, La Historia Interminable. Sonaba la canción de la película a todas horas, en todas partes, y, todos, como por arte de magia, la seguíamos: "stoooryyyy...ahahahahaahaahaaaaaaa".
La música de Navidad. Las películas de Navidad. Los anuncios de Navidad. Éstos eran los que realmente anunciaban el tiempo que estaba por llegar. Solía ocurrir a final de Noviembre. Un día, sin más, se encadenaban seis o siete anuncios de colonia, y la niña empezaba a sentir esa emoción dentro. Ya estaba ahí. Poco a poco, El Almendro volvía a casa, los Clicks de Famóbil subían al barco pirata y las muñecas de Famosa se dirigían al portal. Entonces, un día, ya era Navidad en el Corte Inglés. Y, al poco, llegaba una inmensa caja de turrones a su casa.
El Segundo Día de Navidad, los Inocentes, Nochevieja, Añonuevo, bendición Urbi et Orbe. La gente abarrotando el centro, cargada con bolsas del Corte o Galerías, verdes y blancas, o fucsias y azules...Uvas para un regimiento, croquetas de pavo, sandwich de pavo, pavo con ensalada, todo, todo había vuelto a ocurrir.
Y aquella noche, la niña, que ya no era tanto una niña no podía dormir de la emoción, porque era la Noche de Reyes. Había sido buena. Y si no, no se acordaba. Hacía tiempo que dejó de pedir muñecas. Siempre fue el tiempo de los libros, Los Cinco, Torres de Mallory, y poco a poco Mujercitas, Oliver Twist, Los tres Mosqueteros, la colección Joyas Literarias Juveniles. Por supuesto, aunque la niña nunca lo mencionara los Reyes siempre sabían de algo de ropa de batalla que le hacía falta o de un estuche nuevo para el colegio.
El despertar de la mañana siguiente seguía poniéndole mariposas en el estómago. Y estrellas de purpurina en el pelo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

ABIERTO POR VACACIONES por Azules

Cuando diseñé y proyecté este blog me hice dos propósitos. Uno, que no me preocuparía de si interesaba mucho o poco. Otro, que nunca daría explicaciones sobre lo que escribía en él.
El primer propósito me lo salté hace ya tiempo, cuando, intuyendo que lo leía más gente de lo que esperaba, instalé un contador de visitas. Gracias a todos los lectores, los fieles y los picaflores, los que participan y los que contemplan, los que han repetido y los que nunca volvieron. Gracias. Cuando una crea algo así, pensando que no entraría ni el tato...gracias a todos.
El segundo propósito me lo voy a saltar hoy. El blog ha estado bloqueado unos días. Pero al final, harta de sentirme como una madre que abandona a su querida criatura, aunque sea humilde, lo abro. Por vacaciones.
Pero quisiera aclarar algunas cosas. La primera: yo sólo escribo lo que consta con mi nombre ( que lo es): Azules. El resto son colaboraciones o comentarios que me envían otras personas. A algunas las conozco y a otras no. Y lo publico todo, sin censura, aunque antes lo reviso para ver que no haya nada injurioso o ilegal.
De todo que escribo,muchas cosas están basadas en mis experiencias y sentimientos. Pero no todas. Algunas son pura fantasía, historias imaginadas o deseadas.
Esto lo digo porque el blog parece ejercer un curioso efecto: mucha gente se siente aludida. Tanto si lo que escribo quiere ser hermoso, como si es una crítica o una acusación.
Teniendo en cuenta que no todo es real, lo que lo es sólo tiene un destinatari@, un objeto del deseo, de la admiración, de la ironía, del amor, del rechazo.
Bien, es asombroso cuánta gente se siente aludida sea cual sea el caso. No en el maravilloso modo en que uno conecta con quien le lee y éste siente que participa en un diálogo. Y que se transmite por los comentarios en el mismo blog, por mail, en Facebook, o de forma directa.
No. Hay gente que se siente aludida de forma errada. Lo cual no tendría más consecuencias si después no vinieran a pedirme explicaciones. Esto me ha agobiado bastante y pesó mucho en mi ánimo el día que cerré el blog. Lo siento, pero no amo ni deseo, ni añoro ni rechazo a tanta gente. Así que, insisto: no doy explicaciones sobre lo que escribo, a menos que yo quiera darlas. Y no es chulería, es por salud mental.
Y por último, porque eres lo último: a quien se metió aquí dentro. Sí, claro, lo noté. Ýa que lo hiciste podrías haberlo hecho bien, pero no te llega el nivel, y se notó. Supongo que te quedarías decepcionado/a al encontrar que lo que ves es lo que hay. No encontraste secretos ni textos nonatos, tampoco sabrosas intimidades. Al principio tambien pesaste en mi ánimo. Ya no. Tú verás por qué haces las cosas, qué carencia quieres compensar.
Así que ayer decidí tomarme vacaciones mentales de todo lo negativo. Y volví a pensar en mi blog como lo que siempre ha sido: el sitio azul en el que descanso, en el que me expreso y dejo que otros lo hagan. El torniquete que evitó que una vez me desangrara. Es la espuma del mar que pienso, el pelo de la niña que adoro, el olor que tengo grabado a fuego. Es la escritura que sale de mis dedos y vuela a través de la red para acariciar a quienes quiero.
Y por eso, desde ayer, para todos, para mí, vuelve a estar abierto.