Nosce Te Ipsum

martes, 27 de octubre de 2009

LA SOLEDAD por Azules

La soledad
es que te vacíen el corazón con una cuchara
y siga latiendo.
Hueco, como una cáscara que bombea sólo aire.

La soledad
no es no tener amigos, confidentes, compañeros...
Es tenerlos
y saber que no pueden llegar donde tú te encuentras.

La soledad
hay que beberla sola, de día y de noche.
Es enfrentarte
a lo que no quieres ver, a lo que crees que no eres.

Se parece a la tristeza.
Pero no tiene esperanza. Es una guerra sin cuartel
contra tus miedos,
tus decisiones, las decepciones y los fracasos.

La soledad
es hacer lo que debes, cuando todo te empuja a lo contrario.
Es seguir tu camino
cuando los demás continúan por otro,
y te dicen " te vas a perder",
y se hace de noche y las dudas te invaden.

Es no saber ver la maldad disfrazada,
es confiar
en la bondad de la soledad del otro,
y esperar lo que no existe.
Y una vez aprendes,
no evitarlo, no devolver el golpe.

Es indefensión,
es el valor del aterrado.
Es permanecer en tu puesto cuando los demás se han ido.
O abandonarlo cuando te exigen que te quedes.

La soledad nos asusta.
Y cualquier razón es buena para mantenerla dormida.
Para creer
que no estamos solos.

Y lo estamos.
No es bueno ni malo. Es humano.
Nos reta a conocernos,
a ampliar nuestros límites, a superar cuarenta días en el desierto.
Y después volver la mirada,
y saber de qué materia estamos hechos.

martes, 13 de octubre de 2009

LA VUELTA AL COLE por Azules

Este Septiembre, a mi edad, he vuelto al colegio. A mi colegio. A Jesús-María. He entrado de la mano de mi hija, a través del túnel del tiempo, a mi infancia.
A mi infancia de colegio de jardín enorme,con millones de piedras pequeñas y con pinos altísimos, por los que jugábamos a indios y vaqueros. Y eso que éramos todo chicas. La infancia de los zapatos enormes de hebilla y el babi de rayas azules y blancas. De la oracion de la mañana ( " donde haya oscuridad, ponga yo la luz"), de los recreos con almuerzo y, de mayores, con "pepa" y chocolate de la madre María.
Recuerdo el olor de madera de los bancos de la Capilla, el silencio perfecto del camarín, las libretas de cantos de misa con las tapas azules, y al padre Manuel, siempre amable.
El comedor, el pescado rebozado (¡horror!), las lentejas, las bandejas con huecos, los helados de vainilla de Avidesa, y los phoskitos o el polo del día de fiesta.
De nuevo pasé por La Estrella y subí por la escalera de caracol, y por "la verde". Y todo olía igual que en mi niñez y mi adolescencia...los mismos bancos, muchos de los mismos profesores e, incluso, Baudilio ( ¡que me reconoció!).
Y pensé que había sido muy feliz en el colegio, aunque en su momento, como en casi todo, no lo valoré como debía. Que recordaba frases de algunas monjas que se me habían quedado grabadas : "lo mejor es enemigo de lo bueno" ( Cristina), " Dios está por encima de tus pecados", y otras muchas. Incluso recuerdo fragmentos enteros de clases. Sobre todo las de biología de Mari Carmen, y las de Literatura de Cristina. O de Valenciano, de Rafa. Por no hablar de mis "triunfos" en gimnasia...
Los primeros amores ( ay, esos alumnos de jesuitas!...), el primer rímel puesto en el cuarto de baño antes de ir a Distrito los viernes por la tarde, las primeras minifaldas, las primeras "escapadas".
La tuna, el coro, la biblioteca, los retiros espirituales, las obras de teatro,las funciones de Navidad, el Día de la Familia, Claudina, la Virgen del Socorro, las excursiones, las monjas, la campana del recreo, el churro-va, los primeros Levi´s, las canciones, el baloncesto, tantas y tantas compañeras, algunas de las cuales siguen siendo amigas...todo se amontonó en mi espíritu como las piedras del jardín...
Y cuando de nuevo ví a la Virgen del Socorro, contra todo pronóstico, se me encogió el corazón y, con un nudo en la garganta, sólo pude pedirle que cuidara de que mi hija fuera al menos tan feliz como lo había sido yo...