DÍA 2
El día me ha recibido con el recuerdo de un sueño tormentoso, en el que una figura que en el pasado me hizo mucho daño se me aparecía, irónicamente, como alguien que, juicioso y moderado, me explicaba sus muy razonables motivos para destrozarme. Así que despertarme y meterme en la ducha ha sido todo uno. Desayuno pantagruélico leyendo "La Nueva España" y al coche. De nuevo larguísimos árboles se ciernen sobre la carretera formando un túnel del que salgo para darme de bruces, al girar una curva, con una pequeña maravilla. Un pueblo de pescadores*. Casas que descienden desde lo alto de la montaña, juntas, derramándose como un racimo de uva en el plato. Pintadas de todos los colores, el pueblo es como una mujer hermosa recibiendo a su amante, el mar furioso y gris, que penetra en ella con fuerza.
Me paseo a placer por las callejuelas estrechas. Y pego la hebra con varias personas que me informan de los encantos del pueblo. La iglesia me decepciona. Cuánto daño ha hecho el barroco. En cambio, me entusiasma la senda que sigue el río. Absolutamente tapizada de todos los tonos de verde que mis ojos pueden distinguir, desde el casi gris hasta al casi negro, el azulado, el dorado...verdes que se corresponden con otros tantos plantas y árboles, helechos, arbustos, musgos, cuyos nombres desconozco...y las hortensias. Generosas y altas, rompen el silencio con sus fucsias, morados y azules brillantes. Nunca las he visto como aquí, crecen por todas partes, incluso salvajes...
De vuelta hago otra "amistad" que me informa de dónde comer la mejor fabada del lugar. Riquísima, se deshace en la boca. Eso sí, no como nada más hasta mañana, eso seguro. De hecho, dudo que vuelva a comer nada en mi vida...
Subo al faro, donde hago de rosa de los vientos y me quedo boba mirando rocas, olas y gaviotas. Y la lluvia aparece completando el cuadro.
Antes de volver al hotel bajo andando hasta una de las playas**, donde sólo hay un par de pescadores y yo. Creo que volveré con un libro.
Se me hace de noche volviendo. Nada bueno para alguien con mi imaginación. Deshago los dos kilómetros en un tiempo récord. Entro en el hotel tan embalada que me equivoco de piso e intento abrir una puerta que no es la mía...menos mal que no hay nadie dentro.
Por supuesto, no ceno. Cervecita y libro en un sillón comodísimo del saloncito de lectura. En los auriculares, la Callas...casta diva, tempra diva... como una reina.
*Cudillero. ** Playa de San Pedro
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