" Querida Aurora:
Ya el hecho de que me sepa tu nombre justifica el título de mi carta. El común de los mortales te conoce como La Bella Durmiente. Yo no, Aurorita. Yo me sé tu nombre y tu historia al dedillo. Y es que he visto tu película tantas veces que no sé cómo no tengo una úlcera. No, dos. Una en el estómago y otra en las posaderas.
Y es que mi hija te adora, Aurora. Te lo digo en verso que seguro que te gusta más. Y no entiendo por qué te adora. De verdad que no. Porque eres una cursi insoportable.
Porque no has hecho nada en tu vida más que ir a recoger moras, para lo cual te colocas una toca de lana, aunque luego vayas descalza por ahí. Y porque cuando vas a coger moras te pones a cantar una cancioncita espantosa del príncipe azul que ha hecho mucho daño a los hombres y mujeres de las generaciones posteriores...Aurorita, guapa, eres una terrorista.
Así que, gracias a tí, bombón, mi hija va a crecer pensando que algún día llegará un hortera de bolera con capa y espada que le cantará con voz de opereta. Todo muy natural. Y, sólo por eso, Aurora querida, quedará con él esa misma noche. Aunque se vaya a casar el día siguiente con otro ( que luego es el mismo, pero tú no lo sabías, Aurorita, pendoncilla).
Llevo dos años poniéndole la película de Mulán, que es más lista, más mona y más normal que tú. Y además su novio le pega mil patadas al tuyo. Pero invariablemente, cuando acaba, mi hija me mira con sus ojos como dos carbones ardiendo y me dice: " mamá, ¿me pones a Aurora?"...
Es la guerra...Aurorita. Que sepas que sé tu secreto. No lo de que eres rubia de bote, que eso ya se sabía. No. El otro: te has operado. Y mucho.
Personalmente, no me parece mal que la gente se opere. Pero luego no vayas de superfelizmegaguaylotengotodo...¿Acaso crees que no se nota?. Mira: si uno se fija en las toneladas de carpetas, vasos, vajillas, maletas, ropa, etc., con los que Disney hace foie de mi hígado, y los compara con la peli, es evidente que: tienes más tetas (y eso no es de coger moras), los labios más gruesos, los ojos más grandes y agacelados, y la cintura más estrecha.
¿Qué pasa, Aurorita?. ¿ Temes que el hortera se canse de tí?. Pues oye, no te sofoques. Al fin y al cabo, él no se cargó al dragón. No. Fué gracias a la magia de las haditas. No te extrañes. No me dírás que no te mosqueó, que uno que viene de matar a semejante bestia no entra así de repeinao y cantando.
Además, rubiales, te voy a decir lo que nadie cuenta después del final feliz.¿ Nunca has pensado que todas ( menos tú, que ya tenías bastante) las princesitas Disneilandesas son huérfanas de madre?. Exacto. Más o menos viene a ser así: en ese maravilloso mundo las mujeres mueren de parto para que su príncipe azul, que tanto las amaba, se case con otra en menos de un año. Porque ellos viajan mucho y no se pueden ocupar del bebé, que suele ser, fíjate tú, una niña. Así que la segunda esposa, normalmente una zorra sin escrúpulos, le amarga la vida a la pobre chica hasta que ésta se va con el primero que le diga algo rimado. Así, se casa, y todo vuelve a empezar.
Siento tener que decírtelo yo, Aurora. Pero es que estoy harta de que mi casa sea rosa. Así que haz el favor de dejar de cantar y de operarte. Ponte algo negro, y vete de copas con el dragón, que me da menos miedo que el otro.
Atentamente,
Una madre. "
Nosce Te Ipsum
jueves, 21 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
LLAMADA por Azules
Yo quiero ser la línea que dibuja el hueco de tu brazo.
Que desciende sorbiendo tus poros y tus vasos.
Quiero besar el calor de tus muñecas. Descansar en ellas.
Lamer tus manos.
Quiero buscar tu boca con mis dedos.
Pasar suaves mis yemas por tus labios. Abrirlos.
Tocar tus dientes, que me muerdas.
Deberte un dolor más. Un placer más.
Quiero sentir tus pestañas en mis párpados, tus besos en mis cejas.
Quiero tu piel, tu sudor, tu llanto.
Quiero el cuero de tus dedos clavado en mis caderas.
Y quiero pasar mi pelo por tu espalda, muy despacio.
Yo te llamo, te grito, te deseo a mi lado.
Y tambien te odio, y te alejo, y no quiero ver tus ojos.
No quiero someterme.
No quiero no querer. Ni querer.
Y luego pasa todo.
Y quiero volver a ser la línea.
La que parte en dos tu pecho. Y mi alma en mil pedazos.
La que baja por tu cuerpo a pequeños bocados.
Quiero saber a qué sabes, beberte, celebrarte.
Darte mi piel suave y enloquecer tu tacto.
Quiero oir tu agonía en mi cuello.
Susurros, sollozos, palabras sin dueño.
Quiero arrullarte, mimarte, venir a morir bajo tu cuerpo.
Lo quiero todo. Y no quiero nada.
Nada que exista más allá de este encuentro.
Que desciende sorbiendo tus poros y tus vasos.
Quiero besar el calor de tus muñecas. Descansar en ellas.
Lamer tus manos.
Quiero buscar tu boca con mis dedos.
Pasar suaves mis yemas por tus labios. Abrirlos.
Tocar tus dientes, que me muerdas.
Deberte un dolor más. Un placer más.
Quiero sentir tus pestañas en mis párpados, tus besos en mis cejas.
Quiero tu piel, tu sudor, tu llanto.
Quiero el cuero de tus dedos clavado en mis caderas.
Y quiero pasar mi pelo por tu espalda, muy despacio.
Yo te llamo, te grito, te deseo a mi lado.
Y tambien te odio, y te alejo, y no quiero ver tus ojos.
No quiero someterme.
No quiero no querer. Ni querer.
Y luego pasa todo.
Y quiero volver a ser la línea.
La que parte en dos tu pecho. Y mi alma en mil pedazos.
La que baja por tu cuerpo a pequeños bocados.
Quiero saber a qué sabes, beberte, celebrarte.
Darte mi piel suave y enloquecer tu tacto.
Quiero oir tu agonía en mi cuello.
Susurros, sollozos, palabras sin dueño.
Quiero arrullarte, mimarte, venir a morir bajo tu cuerpo.
Lo quiero todo. Y no quiero nada.
Nada que exista más allá de este encuentro.
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