Nosce Te Ipsum

domingo, 27 de junio de 2010

DOLERNOS por Azules

Me dueles. Y creo que yo a tí también. Caminamos, nos movemos, apenas nos rozamos, y qué increíblemente difícil es no hacernos daño. Un comentario a destiempo, un silencio inoportuno, una mirada esquiva...y alguien sale herido. Con la mayor inconsciencia podemos pisar una ilusión, emborronar un paisaje imaginado, o echar sal en una llaga que aún sangra. Y todo ello sin darnos cuenta, sin la menor intención de causar mal. O, peor , con la mejor de las intenciones.
El día es un campo minado de almas apenas cubiertas por dos palmos de tierra. Y marchamos ligeros, buscando nuestro camino, sin percatarnos de dónde ponemos los pies. De que hay almas ya heridas y a punto de explotar al menor roce. Cuando estallan, sorprendidos, no preguntamos en medio del desastre...qué hice, por qué.
Los ojos del otro, tus ojos, miran hacia atrás, y me obligan a girarme. Vuelvo la cara y veo, incrédula, el daño que he hecho en el pasado, por no prestar suficiente atención, por no saber manejar suavemente lo más delicado.Y veo a otros, como niños inconscientes, jugando , llevando en sus manos materiales preciosos que desconocen y tratan como barro y cartón mojado. Y esos materiales son los sentimientos, los sueños, la dignidad del otro. En un instante quedan olvidados en un rincón, sin que quien allí los dejó llegara, ni por un momento, a imaginar su valor.
Con qué alegría manejamos la pólvora del otro. Qué amargo es darse cuenta de lo pequeños que somos a veces, como un insecto aplastado sin hacer el menor ruido. Lo siento. Y sé que tú tambien.
Seguiremos viviendo. Y será imposible no dolernos.

martes, 15 de junio de 2010

SILENCIO por Mis Manos.

Desde que intuyen que me lees, estas manos no escriben igual. Están cohibidas preguntándose cómo pueden hablar, y a la vez callar. Estas manos tan poco cuidadas, que no nacieron para el esmalte sino para las palabras, se quedan vacías ante el escrutinio de tus ojos.

Mis manos ágiles quieren contar una historia pero, desde que saben que estás ahí, borran más de lo que escriben. Podrían atreverse a describir mis confusas emociones pero no son tan osadas. Podrían hacerte reír, como tantas otras veces, de todo lo fútil que tiene la vida. Podrían seducirte con el tacto delicado de mi manera de no ser.

Pero estas torpes manos se sienten hoy inseguras, incapaces de trazar una línea recta o de arrancarle al piano una pobre melodía. Mi corazón ha dejado de latir. Las venas que bordan mis muñecas se han quedado secas. Mis manos no tienen nada que decir.

Estas manos que nunca han empuñado un arma, quieren bailar como mariposas para volver a animar las fiestas. Estas manos de amiga quieren aplaudirle a la vida y hacer palmas al compás de la alegría. Estas manos cariñosas están ansiosas de volver a guiar al amigo perdido y a construir los sueños que todos tenemos.

Y sin embargo, estas manos que tanto han temblado de miedo y de frío, hoy sólo tienen una cosa que decir: Silencio. Quiero escribir silencio. Sólo silencio, como los silencios en la música.

A LA OLIVA por Azules

En el velatorio ya no oía las voces que le hablaban. " Asunción, ya ha descansado", " Ay, Sunsió, tan buen chico, tan trabajador".
Asunción ya no lloraba. Se sentó en el borde de la cama, estrenada cuatro años antes, cuando se casaron. El cabezal de madera, enorme, barroco, los había visto engendrar dos niños. La había visto parirlos cuando las cosas íntimas aún se hacían en casa.
Se movió más al borde, por no estropear la pesada colcha de ganchillo, y se miró los zapatos, negros y bajos, que le harían caminar sobre el luto de por vida. Las medias, casi un lujo entonces, pintaban de negro dos piernas hermosas, de tobillo fino, de chica de buena familia. Las piernas que a él le volvieron loco, loco para hacer lo que fuera por ver dónde acababan.
Asunción se miró en el espejo ovalado del armario. Collar de perlas. Pendientes de brillantes. La cara hermosa. Nada.
Viuda, con dos hijos pequeños que se comerían las perlas y los brillantes antes de llegarle a la cintura. ¿ Qué haría ahora?. Los huertos, las tierras, ella no sabía trabajarlas ¿Y quién se iba a hacer cargo? En plena guerra...Joaquín, te has ido en plena guerra...En la fachada, "FASCISTAS" y una horca dibujada al lado. En la calle, miedo, miradas furtivas, mujeres envalentonadas con el puño en alto, escupiendo el odio que con los años la miseria les había inyectado. En el cementerio tu cuerpo muerto, inútil.
Y los niños...el mayor, varón, con el tiempo le habría de ayudar, a poco que se pareciera al padre. La niña, una carga. Una boca. Una boda.
Asunción se sobresaltó. Le parecía oir risas en la calle. "No puede ser, el luto, no son risas". Y la oyó, alta y clara. La burla en la voz, el rencor en el tono, la maldad en el alma. Bien clarito, bajo su balcón para que ella lo oyera: " A ver la señorita, la beata, cómo se apaña. Que aquí no hay curas ni meapilas. Que los suyos ya no están. Más le vale agachar la cabeza y tragar, que ya era hora".
Era verdad. Ya no tenía a nadie. Los cuñados, escondidos, o se habían pasado al otro bando, el nacional, en cuanto pudieron. Un hermano muerto. Se lo llevaron y no volvió. Lo denunció por falangista uno del pueblo con el que había tenido un asunto de lindes, de bancales, no sabía bien. Asunción sintió el terror en el cuerpo extendiéndose por su estomago y su vientre como un líquido asqueroso, frío, negro. Y se instaló para siempre en su garganta la amargura del callar.
Al cabo de un mes empezó la aceituna. No la conocieron hasta que estuvo bien cerca. Con el pañuelo en el pelo, sin pendientes, ni collar, ni medias, ni zapatos. Sólo alpargatas, delantal y la mirada clavada en el suelo. Se acercó a las demás, agachó la espalda y se puso a recoger olivas,callada, torpe.
Detrás oyó la voz cruel de siempre, con la alegría salvaje de quien ve caer lo que nunca pudo alcanzar. "Ayyyyy, la señorita, si hoy no hay misa, ¿ qué hace..."
"Que te calles, Natalia, ¡cállate ya!", la cortó Remedios, la más roja del pueblo, la que más había jurado vengarse de los ricos, de los señores. "Venga, Asunción, póngase aquí". Y se la puso al lado, retando a todas con la cara alta. Le enseñó a colocar el delantal y a cargar la aceituna. Sin una palabra. Sin una mirada. Y cuando acabaron siguió a su lado, no se fuera a escapar una pedrada por descuido.

jueves, 10 de junio de 2010

EL GUERRERO por Azules

Volverás. Tras mil batallas, unas perdidas, otras ganadas, todas luchadas.
Volverás sangrando, herido el cuerpo, muerta el alma. Sediento, y cubierto de polvo, los ojos llenos de lágrimas.
Buscarán tus pies el camino de vuelta, ahora tapado por piedras, matojos, porque no hubo pisadas que las tuyas marcaran.
Y cuando veas la aldea, bajo el sol, recortando el cielo con su silueta, una mueca torcida partirá tus labios y, acelerando el paso, entrarás en ella.
Y entonces volverán a tu mente las noches, la angustia, la soledad, el frío. Cuando sólo cerrar los ojos y pensar en los tuyos evitaba que te rindieras.
Cuando saber que tenías un sitio al que volver te encendía algo parecido a la esperanza. Y esquivabas la muerte, le mordías la cara.
Abrirás la puerta de tu casa y allí estarán todos: tus padres, hermanos y hermanas...pero no oirás nada, no hay gritos, no hay risas, no hay lágrimas.
Las arrugas de tus padres te miran con desconfianza. Te olvidaste de ellos, te fuiste. Librando tu guerra descuidaste sus llagas. No barriste su suelo, ni diste de comer a los animales...qué clase de hijo, de qué calaña...
Y no entenderás. Ni ellos a tí. Te fuiste tan joven...no quisiste ser una carga. In cluso te empujaron: gánate una vida, no nos pidas ya más...
Girarás los ojos y verás en tus hermanos la suspicacia. ¿ Por qué vuelve ahora? Todo está repartido, las tierras labradas. Nosotros barrimos el suelo, cuidamos las bestias...aquí ya no cabes, no tienes ya nada.
Nunca, ni aunque mil vidas vivieran, entenderán tu miedo, tu desconsuelo. Tu corazón no vaciará su pena en sus pechos. No quieren oir tus batallas, quieren blindar sus derechos.
No sabrán de tu amor perdido, de tu valor demostrado, de tu arduo trabajo, tus victorias, tus fracasos. Creerán, si les hablas, que tus desahogos son una carga pesada. No tienen ganas de historias, no tienen ganas de nada. Ya eres sólo un extraño, no perturbes su calma.
Ve, guerrero. Por la noche de nuevo pisa los matojos. Que las piedras se claven en tus sandalias. La mandíbula tensa, ya no quedan lágrimas. Vuelve a tu guerra. Tu soledad te acompaña.

sábado, 5 de junio de 2010

COSAS CHIQUITITAS por Azules

Son las rosas de mi balcón, justo del color que a mí me gusta, el color del coral, pequeñitas y suaves como la boca de mi niña. Es el olor a canela del té de por las tardes y de la vela que alumbra mi cama cuando el resto de luces por fin calla.
Es la marca de las tapas de los libros que voy leyendo, donde mi dedo se apoya y los dobla, mientras con los ojos cosquilleo sus páginas.
Y tambien la seda del pintalabios, con su sabor goloso, por las mañanas. Que me da el primer beso y me refresca la cara.
Los limones que perfuman la crema que me abraza. La patita de mi perro que, con su delicadeza más que humana, me roza miedoso, anhelando oir mi voz adormilada.
Es el calor de tu cuerpo de bambú, Daniela, cuando, dormida, te llevo a la cama.
Es tu nombre, Lucía, en el correo. Mi niña, mi amor, mi hermana.
La leche caliente con miel si hace frío.
La manta de alpaca..."Siempre nos quedará París", "Yo tenía una granja...".
Rachmaninov, Chopin, Mendelssohn, Tchaikovsky, los pianos y violines que tantas veces me hablan. Me riñen, me calman, susurran, me devuelven mi alma.
El brillo en los ojos del niño que me reconoce bajo la bata. Con su sabia inocencia sonríe, sabiendo que lo que sigue no le va a gustar nada. Las confidencias de sus madres, la esperanza, la confianza.
Son las cosas chiquititas que me llevan en volandas, que me ayudan a subir donde mi espíritu aguarda. Donde la frescura de la hierba moja mis palmas, y la luz caprichosa se refleja en el agua.
Las cosas pequeñas, las caricias que la vida me regala.
Saber que es posible que tu mirada busque mi mirada. Que me des tu dulzura. Temblar si te veo y, si no te veo, llorar. De pena, de alivio, de miedo , de nada.