Nosce Te Ipsum

viernes, 22 de junio de 2012

BAJO EL SOL por Azules

"Ya se me ha olvidado el paraguas", pensó. El día antes  pasó seis horas bajo un sol inclemente que le había tiznado la piel. Vio alguna chica con sombrilla, y le pareció exagerado. Ahora ya no. La piel le dolía sólo con mirársela.
 Y , total, para qué...Seis horas de calor y nervios para nada. No paró nadie. Su tía le gritó hasta cansarse. " Ni para eso sirves...Os creéis que venís aquí...¿¿ A que os mantenga quién??! ". Ella calló, afrentada, llevaba varios días comiendo sólo por la noche, lo que la tía le daba. No reconocía a la mujer que le había hablado maravillas del país. Todo facilidades. Así que su primo y ella juntaron como pudieron lo necesario y se vinieron.

Mal desde el principio. Nadie la cogió, ni para limpiar. Y no es que no se fiaran, que tambien encontró buena gente. Es que no le podían pagar. Una hora aquí, otra allá, algo en la naranja...eso era todo.
Y su primo. Su primo, el que se comía el mundo. El que siempre, desde pequeña, la protegió. Desde ayer no abría la boca. Llevaba una semana tumbado en el sofá, fumando. Hosco, silencioso. No apartó los ojos de la pared para mirarla después de que su tía le puso aquello en el pelo.
Qué rara se vio. Con su piel morena, el pelo brillaba con un rubio extraño. Amarillo chillón. Se vio tan vulgar..." ¿ Qué no sabes ya lo que les gusta?  Tonta, que hay que decírtelo todo...ponte esto"
Ahora le ardían los pies en aquellos tacones de vértigo y plástico. Y no tenía dónde sentarse. Así que paseó, arriba y abajo, hora tras hora, estirándose un minúsculo vestido de lycra que se le clavaba y le hacía sudar.

Pasaban coches, y motos, y camiones. Notaba que la miraban y no lo podía soportar, tanto le angustiaba que alguien la reconociera. Giraba la cabeza.
Otra chica le dijo que se le pasaría, De las que llevaba tiempo allí, con su sitio fijo, sombrilla y silla de playa. No es que fuera muy amable:  "...con tanto fulaneo , como mucho diez euros el polvo...". Era de las que hacía señas a los conductores, y contestaba cuando grupitos de chavales le gritaban desde el coche de sus papás.

Con ésta llevaba ya tres horas. Y nada. No podía volver de vacío. Su tía se lo dijo bien claro. " Al inútil de tu primo me lo quedo, porque es mi hijo. Pero tú te vas como no traigas algo...". Se acercaba un camión que disminuyó la marcha. Se notó la cara roja y empapada. De calor, de vergüenza y de miedo. El camión rodó, despacio y, al alcanzarla, ella levantó la cara...
"¡¡¡PUTAAAAA!!!!..." . El hombre gritaba, sacudiendo obscenamente la mano cerrada, riendo...después aceleró y siguió su camino.
Ya sólo notaba el sol quemándola sin piedad, mientras la sangre se le helaba. Quiso gritar, pero no se oyó la voz. Quiso llorar, pero no encontro las lágrimas.

El hombre la miró por el espejo retrovisor. Allí plantada. Cada vez más pequeña. " Zorra, cachonda, mira que te gusta...si es que lo lleváis en la sangre"

miércoles, 6 de junio de 2012

YO IBA PARA DIVINA, PERO ESTUDIÉ MEDICINA por Azules

Con frecuencia recuerdo la famosa frase de "¿ Qué hubiera pensado el joven que eras del adulto en que te has convertido?".
Hace ya algunos años, la respuesta me golpeó en todo el lóbulo frontal. Al salir de una guardia, me dí cuenta de que un compañero me miraba fijamente. Inicié media sonrisa y...me quedé fría y, a la par, sudorosa, como un Frigo Pie.
No es que me mirara mal, no...es que me miraba "peor": con una mezcla de incredulidad y...¿lástima?. Borré la sonrisa y me metí derechita en el vestuario.
Después, ante el espejo, me pregunté quién era aquella extraña "sintecho" que me contemplaba. Por qué esa pálida y exhausta ex-joven llevaba un gato muerto en la cabeza, que resultó ser una coleta-moño sujeta con una venda...la Amy Winehouse versión R-1 del hospital. Las gafas, manteniéndose milagrosamente después de mil cabezaditas nocturnas con ellas puestas. La piel pidiendo a gritos una orden de alejamiento de su dueña. Y el cuerpo, en general, abandonado a su suerte, recordando tiempos mejores en los que le prestaba atención, incluso con entusiasmo.
Tengo una familiar, legendaria ella, que me quiere mucho. Y cada vez que se refiere a mi trabajo dice " Qué precioso, como la Doctora Quinn...ideal!". Y yo, pues le dejo que me imagine así, con la melena al viento, bella con mi maletín...para qué desengañarla, así al menos alguien es feliz. Tampoco me iba a creer, porque en su mundo uno no se imagina el mío. Para qué hablarle de todo lo que le puede caer a la Dra No-Quinn encima en un día normal. Con suerte, moquitos, muchos, y algún vómito que otro. Con menos suerte, cualquier otra cosa...Escaso glamour, me temo, el de esta profesión.
 Cómo explicar lo que sientes cuando te ponen un bote encima de la mesa, y hay una culebra dentro ( "por si sabes lo que es", dijo). O te traen con su mejor intención un montón de pañales para ver si "eso" es normal.  O cuando tienes que ir en plena noche a una casa en medio de una montaña, en tu coche, sola, y te pierdes, y nadie te coge el teléfono. O la cara que se te queda cuando subes a "cenar" a las dos de la mañana y no queda comida...que no sabes si llorar de rabia o de hambre. Aunque como decía un adjunto mío : "A la guardia se viene llorada". Pues eso.
No quiero caer en la autocompasión ( esto es mentira, qué haría yo sin ella), pero pobre de la que estudie medicina pensando que va a ser como "Anatomía de Grey" o la monísima de "House". Ahora mismo va una a estar todos los días, en unas guardias tremendas, con la sombra de ojos colocada, el rimmel a punto, un pijama monísimo a juego con el fonen, y el doctor más guapo del mundo, mírándote, orgulloso de tu actuación...Pues no, queridas ingenuas potenciales. La sensación va a ser más bien tipo Bridget Jones ( esa gran mujer) cayendo aterrorizada por la barra de los bomberos y con la "derriére" al aire...sobre todo la primera noche.  Después mejora, pero no mucho.
¿Qué pensaría aquella fragante adolescente que fuí, de brillante mirada, y modelitos monísimos, de esta okupa del cuarto de guardia?  Pues, sencillamente, no se lo creería, y haría exactamente lo mismo.
Así que, a lo hecho, pecho. Y, para los "apolíticamente correctos" diré que hay un momento en que me siento, no divina, pero sí muy cerca del cielo: cuando llego a la consulta y me recibe una hilera de caritas melladas, sonriendo.