Desde que intuyen que me lees, estas manos no escriben igual. Están cohibidas preguntándose cómo pueden hablar, y a la vez callar. Estas manos tan poco cuidadas, que no nacieron para el esmalte sino para las palabras, se quedan vacías ante el escrutinio de tus ojos.
Mis manos ágiles quieren contar una historia pero, desde que saben que estás ahí, borran más de lo que escriben. Podrían atreverse a describir mis confusas emociones pero no son tan osadas. Podrían hacerte reír, como tantas otras veces, de todo lo fútil que tiene la vida. Podrían seducirte con el tacto delicado de mi manera de no ser.
Pero estas torpes manos se sienten hoy inseguras, incapaces de trazar una línea recta o de arrancarle al piano una pobre melodía. Mi corazón ha dejado de latir. Las venas que bordan mis muñecas se han quedado secas. Mis manos no tienen nada que decir.
Estas manos que nunca han empuñado un arma, quieren bailar como mariposas para volver a animar las fiestas. Estas manos de amiga quieren aplaudirle a la vida y hacer palmas al compás de la alegría. Estas manos cariñosas están ansiosas de volver a guiar al amigo perdido y a construir los sueños que todos tenemos.
Y sin embargo, estas manos que tanto han temblado de miedo y de frío, hoy sólo tienen una cosa que decir: Silencio. Quiero escribir silencio. Sólo silencio, como los silencios en la música.
Nosce Te Ipsum
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1 comentario:
Gracias. Qué ganas tengo de besar tus manos. De calentarlas. En silencio.
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