Volverás. Tras mil batallas, unas perdidas, otras ganadas, todas luchadas.
Volverás sangrando, herido el cuerpo, muerta el alma. Sediento, y cubierto de polvo, los ojos llenos de lágrimas.
Buscarán tus pies el camino de vuelta, ahora tapado por piedras, matojos, porque no hubo pisadas que las tuyas marcaran.
Y cuando veas la aldea, bajo el sol, recortando el cielo con su silueta, una mueca torcida partirá tus labios y, acelerando el paso, entrarás en ella.
Y entonces volverán a tu mente las noches, la angustia, la soledad, el frío. Cuando sólo cerrar los ojos y pensar en los tuyos evitaba que te rindieras.
Cuando saber que tenías un sitio al que volver te encendía algo parecido a la esperanza. Y esquivabas la muerte, le mordías la cara.
Abrirás la puerta de tu casa y allí estarán todos: tus padres, hermanos y hermanas...pero no oirás nada, no hay gritos, no hay risas, no hay lágrimas.
Las arrugas de tus padres te miran con desconfianza. Te olvidaste de ellos, te fuiste. Librando tu guerra descuidaste sus llagas. No barriste su suelo, ni diste de comer a los animales...qué clase de hijo, de qué calaña...
Y no entenderás. Ni ellos a tí. Te fuiste tan joven...no quisiste ser una carga. In cluso te empujaron: gánate una vida, no nos pidas ya más...
Girarás los ojos y verás en tus hermanos la suspicacia. ¿ Por qué vuelve ahora? Todo está repartido, las tierras labradas. Nosotros barrimos el suelo, cuidamos las bestias...aquí ya no cabes, no tienes ya nada.
Nunca, ni aunque mil vidas vivieran, entenderán tu miedo, tu desconsuelo. Tu corazón no vaciará su pena en sus pechos. No quieren oir tus batallas, quieren blindar sus derechos.
No sabrán de tu amor perdido, de tu valor demostrado, de tu arduo trabajo, tus victorias, tus fracasos. Creerán, si les hablas, que tus desahogos son una carga pesada. No tienen ganas de historias, no tienen ganas de nada. Ya eres sólo un extraño, no perturbes su calma.
Ve, guerrero. Por la noche de nuevo pisa los matojos. Que las piedras se claven en tus sandalias. La mandíbula tensa, ya no quedan lágrimas. Vuelve a tu guerra. Tu soledad te acompaña.
Nosce Te Ipsum
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