Nosce Te Ipsum

viernes, 4 de diciembre de 2009

CUENTO DE NAVIDAD por Azules

En el pasillo de La Trinidad el estruendo ensordecía los tímpanos de los afortunados residentes que aún conservaban el oído. Los villancicos, entonados con desigual fortuna por los escolares que estaban de visita, llenaban el silencio que dejaba la ausencia de familiares.
Lo llenaban demasiado, en opinión de Germán. Se consideraba un veterano en la residencia, y ya había vivido varias visitas navideñas de los distintos colegios de la zona. Cada año uno. Y siempre coincidiendo con el día del Sorteo, que se transmitía íntegro por los televisores de todas las salas. Ante una audiencia con suerte medio dormida, y por lo general dormida del todo, o estuporosa, las bocas abiertas, las miradas ausentes...Así que se juntaban las panderetas de los niños con la campana sobre campana , y con el setentaydosmilquinientostres, ciento cincuenta mil pesetas. Demasiado para Germán.
Nunca pensó que se vería así, rodeado de viejos tan viejos como él, y de jóvenes incapaces de valerse por sí mismos, enfermos, con la mente sólo Dios sabía dónde. Y era siempre el veintidós de Diciembre cuando se le venían encima los años, la Navidad, la tristeza y la añoranza, todo de un de golpe. Solo, entre tanto niñato que le felicitaba las pascuas hablándole como a un bebé. Con lo que él había sido…ahora era poco más que nada. Sin su Matilde, su Mati, su amor, su compañera…Solo. Tumbando de pura rabia las figuritas del belén cuando la monja no miraba. Dejando los polvorones a medias, pensando en los dulces de Mati, la alegría de Mati, la ilusión con que compraba el décimo cada año.
Germán echó un vistazo por la sala, mirando sin comprender las sonrisas de las ancianas ante los cumplidos de los niños, las palmas de Sara, la niña autista, llevando un ritmo imaginario...Se fijó en el chaval de la chupa de cuero. Llevaba poco tiempo. Y ya había montado un par bastante sonadas. Bronca, insultos, agresiones a los celadores…hoy parecía tranquilo, casi manso. Esa mañana había visto el montoncito de pastillas al lado del desayuno. Bastante para tumbar a un caballo, pensó.
El chico le clavó los ojos azules de pupilas dilatadas. Vacíos, sin vida tras la medicación..pues no te queda, chaval…se dijo. Y pensó. Y sintió la impotencia infinita en el corredor de la muerte, que era lo que era esa residencia para ellos dos. Ya no saldrían de allí si no era muertos o anulados...pues no nos queda ,chaval.
Germán se levantó y se sentó junto al chico, que le miró, inexpresivo…”Y tú, ¿qué quieres para Navidad, chaval?”…”Que me quiten la puta medicación, Germán, que me deja seca la cabeza, y me duele mazo y no puedo pensar...que me sorben el cerebro, Germán, que no puedo más, que prefiero las voces”
“Eso está hecho, chaval”.
El día de Navidad, Germán no se levantó. Andaba lejos, con su Mati, preparando el puchero,el jamón, los dulces para los nietos, feliz de sentir sus aromas, sus sabores, viviendo de nuevo.
El de la chupa de cuero ya lo dijo, cuando lo sacaron bajo la sábana. “Y es que era de buena ley, este Germán”. El brillo de sus ojos se redobló cuando le dijo a la auxiliar: “ Cualquier cosa que le pedías, te la hacía… Tres días hace ya que nos cambiamos la medicación para que no me duela la cabeza. Eso sí que es un regalo”.

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