El olor de tu pelo, brillante, de ébano,
el silencio de tu respiración tranquila.
Tu boca perfecta como una amapola,
y la caricia de tus pestañas en mi mejilla.
Tus manitas , cerradas, con sus dedos pequeños,
se apoyan confiadas y calientan mis pechos,
que se alzan, buscando, sintiendo aún el ansia
de no haber podido darte alimento.
Doy por buena la vida vivida,
el largo camino, lo hermoso y lo negro,
por mecerme esta noche, sintiendo ligero
el amor de tu peso sobre mi cuerpo.
La luna refleja su plata en tu bronce,
en tu piel perfecta que, codiciosa, protejo.
Y te miro, y te veo, y aún así no te creo.
Y te vuelvo a mirar, y te adoro en tu sueño.
Nosce Te Ipsum
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