No busques en mí a la niña que baje la mirada con timidez.
Ni una complaciente sonrisa cuando más la necesites.
No esperes de mí la tranquilidad que da la inexperiencia.
O la falsa serenidad de quien no conoce el riesgo, o el miedo.
Yo no seré para ti la cándida aprobación que muchos necesitan.
Y no romperé en llanto sólo para conmoverte.
Pero
Mis ojos te mirarán directamente mientras la timidez esté bajo la piel, temblando .
Y sonreiré mientras te bese y te acaricie el pelo, con mis piernas enredadas en torno a tu cuerpo.
Estaré tranquila cuando te vea dormido y, serenamente, pasee mis labios por tu espalda.
Te aceptaré como eres, en mi corazón y en mi seno.
Y puede que llore escondida en tu pecho.
Nosce Te Ipsum
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