"Ya se me ha olvidado el paraguas", pensó. El día antes pasó seis horas bajo un sol inclemente que le había tiznado la piel. Vio alguna chica con sombrilla, y le pareció exagerado. Ahora ya no. La piel le dolía sólo con mirársela.
Y , total, para qué...Seis horas de calor y nervios para nada. No paró nadie. Su tía le gritó hasta cansarse. " Ni para eso sirves...Os creéis que venís aquí...¿¿ A que os mantenga quién??! ". Ella calló, afrentada, llevaba varios días comiendo sólo por la noche, lo que la tía le daba. No reconocía a la mujer que le había hablado maravillas del país. Todo facilidades. Así que su primo y ella juntaron como pudieron lo necesario y se vinieron.
Mal desde el principio. Nadie la cogió, ni para limpiar. Y no es que no se fiaran, que tambien encontró buena gente. Es que no le podían pagar. Una hora aquí, otra allá, algo en la naranja...eso era todo.
Y su primo. Su primo, el que se comía el mundo. El que siempre, desde pequeña, la protegió. Desde ayer no abría la boca. Llevaba una semana tumbado en el sofá, fumando. Hosco, silencioso. No apartó los ojos de la pared para mirarla después de que su tía le puso aquello en el pelo.
Qué rara se vio. Con su piel morena, el pelo brillaba con un rubio extraño. Amarillo chillón. Se vio tan vulgar..." ¿ Qué no sabes ya lo que les gusta? Tonta, que hay que decírtelo todo...ponte esto"
Ahora le ardían los pies en aquellos tacones de vértigo y plástico. Y no tenía dónde sentarse. Así que paseó, arriba y abajo, hora tras hora, estirándose un minúsculo vestido de lycra que se le clavaba y le hacía sudar.
Pasaban coches, y motos, y camiones. Notaba que la miraban y no lo podía soportar, tanto le angustiaba que alguien la reconociera. Giraba la cabeza.
Otra chica le dijo que se le pasaría, De las que llevaba tiempo allí, con su sitio fijo, sombrilla y silla de playa. No es que fuera muy amable: "...con tanto fulaneo , como mucho diez euros el polvo...". Era de las que hacía señas a los conductores, y contestaba cuando grupitos de chavales le gritaban desde el coche de sus papás.
Con ésta llevaba ya tres horas. Y nada. No podía volver de vacío. Su tía se lo dijo bien claro. " Al inútil de tu primo me lo quedo, porque es mi hijo. Pero tú te vas como no traigas algo...". Se acercaba un camión que disminuyó la marcha. Se notó la cara roja y empapada. De calor, de vergüenza y de miedo. El camión rodó, despacio y, al alcanzarla, ella levantó la cara...
"¡¡¡PUTAAAAA!!!!..." . El hombre gritaba, sacudiendo obscenamente la mano cerrada, riendo...después aceleró y siguió su camino.
Ya sólo notaba el sol quemándola sin piedad, mientras la sangre se le helaba. Quiso gritar, pero no se oyó la voz. Quiso llorar, pero no encontro las lágrimas.
El hombre la miró por el espejo retrovisor. Allí plantada. Cada vez más pequeña. " Zorra, cachonda, mira que te gusta...si es que lo lleváis en la sangre"
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