Y allí estaba la niña, con su pelo largo desparramado por la almohada. Una noche más se había acostado con la diadema puesta. Es decir, se la había quitado para acostarse, pero en cuanto su madre entornó la puerta se la había vuelto a poner. Era una locura aquel año, con esas diademas de las que salían dos muelles finitos de los que al final colgaban, como saludando, dos estrellas o dos corazones, a elegir modelo, de purpurina roja, plateada o doradada según el gusto. El materno, claro.
Desde la cama, con la discreta ayuda de la luz que entraba desde el pasillo, vió la cartera del cole, con los cuadros escoceses tremendos. Monísimos, decía la madre, la he visto igual en el Telva. Eso, y las bermudas azulonas de pana con medias a tono que le habían caído esa temporada. Ideal. Como para decir algo.
Pero no importaba, porque la niña se sentía tan, tan feliz que sólo acertaba a pensar que qué hacía la cartera aún allí, si había pasado una eternidad desde que fue al colegio. Y aún quedaba otro tanto...
Todo había sido hermoso. Cada día había traído una promesa cumplida. Ella adoraba la Navidad, que empezaba oficialmente tras la siesta del día de Nochebuena. Su padre ponía villancicos, y empezaban los preparativos de la cena, siempre igual y siempre distinta. Elaborada y deliciosa. La casa se llenaba de olores navideños, de caldo sabroso y de jamón recién cortado. De los aperitivos que el padre decoraba con la paciencia y la concentración de un monje. La niña olía el plástico que envolvía los turrones. El que más le gustaba era el del turrón que luego nunca probaba porque no tenía chocolate.
Su madre sacaba los manteles y servilletas destinados a hacer los honores, la vajilla,los cubiertos relucientes, y ella lo iba poniendo en la mesa con infinito cuidado porque eran tesoros, mientras de reojo miraba al pasar las figuras del inmenso Belén que su padre había montado "para los niños"...Aunque, ay! del niño que pusiera una manaza en él...
La Misa del Gallo adormecía a la niña agotada de emociones, sabores, olores, sonidos...el incienso la arrullaba. Con los vecinos formaba una de las colas que se acercaba a besarle los pies al Niño...a quién le importaba la asepsia, entonces nadie pensaba en eso.
Navidad, la bendición del Papa a todo volumen en la tele inmensa, con teclas en vez de botones...y de nuevo canciones, villancicos, el pavo, el limón.
Cada día era mágico. Las primeras salidas al cine. La niña había visto ET en el cine Oeste unas Navidades anteriores. Ese año, La Historia Interminable. Sonaba la canción de la película a todas horas, en todas partes, y, todos, como por arte de magia, la seguíamos: "stoooryyyy...ahahahahaahaahaaaaaaa".
La música de Navidad. Las películas de Navidad. Los anuncios de Navidad. Éstos eran los que realmente anunciaban el tiempo que estaba por llegar. Solía ocurrir a final de Noviembre. Un día, sin más, se encadenaban seis o siete anuncios de colonia, y la niña empezaba a sentir esa emoción dentro. Ya estaba ahí. Poco a poco, El Almendro volvía a casa, los Clicks de Famóbil subían al barco pirata y las muñecas de Famosa se dirigían al portal. Entonces, un día, ya era Navidad en el Corte Inglés. Y, al poco, llegaba una inmensa caja de turrones a su casa.
El Segundo Día de Navidad, los Inocentes, Nochevieja, Añonuevo, bendición Urbi et Orbe. La gente abarrotando el centro, cargada con bolsas del Corte o Galerías, verdes y blancas, o fucsias y azules...Uvas para un regimiento, croquetas de pavo, sandwich de pavo, pavo con ensalada, todo, todo había vuelto a ocurrir.
Y aquella noche, la niña, que ya no era tanto una niña no podía dormir de la emoción, porque era la Noche de Reyes. Había sido buena. Y si no, no se acordaba. Hacía tiempo que dejó de pedir muñecas. Siempre fue el tiempo de los libros, Los Cinco, Torres de Mallory, y poco a poco Mujercitas, Oliver Twist, Los tres Mosqueteros, la colección Joyas Literarias Juveniles. Por supuesto, aunque la niña nunca lo mencionara los Reyes siempre sabían de algo de ropa de batalla que le hacía falta o de un estuche nuevo para el colegio.
El despertar de la mañana siguiente seguía poniéndole mariposas en el estómago. Y estrellas de purpurina en el pelo.
Nosce Te Ipsum
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1 comentario:
Pero que recuerdos me trae esta entrada. Hacia tiempo que no sentia algo igual. Lo recuerdo todo. Las muñecas, los playmobil, el Almendro....."vuelve a casa por Navidad". Eso me recuerda que el año pasado, se puede decir, que la canción nos vino ni al pelo. Volvimos a casa, pero mas felices que nucna.
Gracias por esta entrada, amiga.
FELIZ NAVIDAD !!!
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