Nosce Te Ipsum

sábado, 23 de julio de 2016

LA VIDA CUMPLE SU PROMESA por Azules

Tengo pocos instantes de paz. Últimamente el ruido ocupa todos mis silencios. Y me cuesta tener la mente callada, sin verse en la necesidad de darme su opinión sobre cada cosa.
 Pero, sobre el anochecer, encuentro un pequeño oasis,  que me recuerda a ese momento preciso en el que te sumerges bajo el agua. Será por la calidez y la humedad del ambiente. Y por el vacío que noto en los oídos cuando me pongo los auriculares. De repente hay silencio, y hay música, que es silencio inteligente. Y mi perro Kike y yo nos tumbamos uno al lado del otro. Yo, a seguir pensando. Él, sólo a estar...

Por la noche huele bien en Bixquert. Es un olor fresco, de troncos de árboles, de brisa esperada, de los jazmines de mi abuela, de mi infancia. Miro el dibujo oscuro de las copas llenas de hojas. Como siluetas dibujadas en este cielo, azul marino de luna llena. Y veo con infinita ternura el perfil de la cabecita de Kike, tan mayor, ya, enfermo, tan inocente y dulce como siempre.

Pienso que se acercan tiempos difíciles. De pérdidas anunciadas. La vida ha cumplido su promesa, y la misma luz de plata que bañaba mi carita de nena, ahora me envuelve en la madurez. Y parece que me diga: "ya lo sabias niña, estas cosas tenían que llegar..." . La luna sabia me acuna y me mece . A mí me sorprende la calma con la que veo llegar lo inevitable. Con las lágrimas hacia dentro. Con una serenidad que nunca antes había habitado mi alma. Voy poco a poco diciendo adiós a gran parte de lo que más he amado en mi vida. Y acompaño su marcha, desde cerca, y desde donde puedo. Porque no es cosa de alejarse en el momento más importante de la vida, que es el de la partida

 ¿ Serán los grillos los mismos? ¿ Cuánto vive un grillo?. Dicen que muchos años.  ¿ Me veían correr descalza por la pinada, igual que ahora ven a mi hija jugar?. La  sábanas, tendidas, son las mismas. Los manteles, las mecedoras, la higuera, los almendros. Las altas escaleras y la verja verde de la entrada tambien. Son las mismas que vieron curvarse la espalda de mi abuelo. Y que ven tan curvada la de mi padre ahora. Hay otros habitantes nuevos en este pequeño paraíso. Docenas de matas de flores, hermosas y brillantes, crecidas bajo las manos de mi padre. Manos grandes y hábiles,  ahora nudosas y manchadas. Pienso admirada en cómo ese hombre, antes enorme, de genio vivo y temible, cuida con exquisita delicadeza  hasta el más pequeño retoño de sus dominios. Cómo le conmueve la belleza de las cosas , y trata con infinita  paciencia y mimo pétalos, aguas, y hasta las piedras. Así dibuja el paisaje de nuestras vidas, con las pinceladas decididas y finas con que siempre ha pintado sus cuadros.

   De noche, los ruidos de Bixquert sí son seguro los mismos. El mismo crujir de los mismos muebles, casi a la misma hora. El zumbido de las bombillas de la farolas. El roce de las hojas caidas, bajo los pies de algún animalito de caza nocturna. La vieja cisterna.

Tumbada en mi cama miro a la luna a la cara. Y  sé que es mi deber que este sitio eterno, nuestro hogar, vea mi espalda curvarse. Que no es nuestro lo que nos dejaron los que pasaron antes por aquí. Es un préstamo. Y toda esta hermosura de olores de tierra, de luna derramada, plantas y árboles, sonidos de agua ...no es más que la vida misma. La que he de dejar a los que vienen detrás de mí.

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